MEMORIAS DE LA GUERRA DE UN CAPELLLAN

MEMORIAS DE LA GUERRA DE UN CAPELLLAN

22,90 €
IVA incluido
En stock
Editorial:
EL BUEY MUDO
Año de edición:
Materia
Testimonios
ISBN:
978-84-17703-00-4
Páginas:
416

Durante la campaña militar, el Padre Corby recoge sus impresiones de la Guerra de Secesión Norteamericana en la que está participando. Será la celebración del vigésimo quinto aniversario de la batalla de Gettysburg, el que le lleve a recopilar dichas notas y componer estas Memorias de guerra de un capellán, inéditas en nuestro idioma hasta hoy. En ellas ofrece un relato vivaz, honesto y reflexivo de cuanto experimenta como participante en la campaña. No estamos ante un libro de historia, sino ante un libro histórico; un viaje en el tiempo, un lúcido fragmento de vida. El Padre Corby vive la guerra y la narra desde dentro, expuesto a sus horrores y absurdos, pero también a sus actos heroicos y a sus divertidas anécdotas. A través de los ojos de este hombre valeroso y ferviente –influido también, como todos, por los paradigmas intelectuales de su época–, bondadoso y muy respetuoso con la milicia, nos sumergimos en una contienda que cambió para siempre la historia de los Estados Unidos y, por extensión, la del mundo entero. William Corby fue un sacerdote y educador católico nacido en Detroit en 1833. Estudia en la Universidad de Notre Dame y se incorpora a la Congregación de la Santa Cruz, una orden religiosa. En 1860, acabados sus estudios, es ordenado sacerdote, y sirve como pastor de una parroquia en Indiana. En 1861 al desatarse las hostilidades de lo que será la Guerra de Secesión, William Corby viaja a Washington D.C. para atender las necesidades espirituales de los soldados católicos de dicho ejército. En diciembre de ese año es nombrado capellán del Ochenta y ocho regimiento de Nueva York, una de las unidades de la afamada Brigada Irlandesa, a la que acompaña durante un periplo de tres años. Al término de la campaña, Corby retorna a Notre Dame, que por entonces es sólo el germen de la inmensa y prestigiosa institución que es hoy en la que llega a ser uno de sus primeros presidentes: "el segundo fundador de Notre Dame". Finalizado el brillante desempeño de sus funciones, vuelve a ejercer como párroco en Watertown, terminando sus días como residente en su amada universidad.